lunes, noviembre 07, 2005

Carne fácil

Llego a la oficina temprano porque no he dormido bien esta noche (otra vez las dichosas pesadillas) y paso por la salita donde tenemos la Nespresso a procurarme una dosis suficiente para soportar toda la mañana con el debido ánimo.

¿Y qué me encuentro? A Carla inclinada sobre el mueble de la cafetera, buscando más vasos y cucharillas de plástico en el fondo del mismo y ofreciendo al mundo sus magníficas nalgas. Que como no podía ser menos, me inspiran una idea loca.



Carla es una de las secretarias que trabajan en la agencia. En cuanto le echas el ojo encima coliges por qué fue contratada para el trabajo de florero. No es que sea excesivamente guapa, pero sabe sacarse partido a base de maquillaje. Sus blusas dejan claro que anda bien servida de pechuga (o que tiene una estupenda colección de wonderbras), y su culete es respingón, pero sin pasarse.

En los aproximadamente 6 meses que lleva trabajando en la agencia apenas habré cruzado dos docenas de palabras con ella. Como no podía ser menos (para eso le pagan), siempre ha sido amabilísima. Hasta donde sé es así con todo el mundo, clientes incluidos. Incluso puede que sea una buena chica.



La idea loca consiste en invitarle a pasar el próximo miércoles (día de la Almudena) en el parador de Cuenca, para ver las casas colgadas, la catedral y todo eso. Y comer bien, claro. De hecho, podríamos salir el martes por la tarde y cenar en el restaurante del parador, que no está nada mal.

Y acepta con una media sonrisa en los labios.

Y yo salgo cagando leches a buscar el teléfono del parador y reservar una suite.

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