lunes, diciembre 19, 2005

Una lenta y larga tortura

Lo principal es no perder los nervios, y tratar a las candidatas no como personas sino como objetos. Así, resulta fundamental clasificarlas lo más rápido posible en el grupo al que pertenezcan:
  1. Las demasiado listas (que, probablemente, darán guerra: Carla estaba en este grupo).
  2. Las demasiado tontas (que en un momento dado podrían ahuyentar a un cliente).
  3. El resto.
De esta forma, el problema se reduce a seleccionar la más maciza del tercer grupo.



―Dices en tu curriculum que hablas cinco idiomas.

―Así es.

―¿Cuáles?

―Inglés, alemán, francés, portugués e italiano. Además de español y catalán, claro.

―Claro... Lo siento, pero estamos buscando otro perfil. Te tendremos en cuenta para futuros procesos de selección. Muchas gracias.



―¿Qué tal andas de mecanografía?

―¿De qué?

―Lo siento, pero estamos buscando otro perfil. Te tendremos en cuenta para futuros procesos de selección. Muchas gracias.



―¿Tienes alguna experiencia anterior en puestos de similar responsabilidad?

―Bueno, una vez trabajé de azafata en el IFEMA. Verás, en realidad mi auténtica vocación es la pasarela, pero como ahora sólo quieren anoréxicas, pues las que somos un poco más, ya sabes, pechugonas de la cuenta nos quedamos en la cuneta.

―¿Y cuándo dices que puedes empezar, Nerea?

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