viernes, noviembre 25, 2005

Venganza

―¿Tienes un segundo, Andrés? ―pregunté desde la puerta de su despacho. Andrés, entre otras cosas, es el encargado de RRHH y, a pesar de ello, un tipo bastante majo.

―Claro, Suso: pasa. ¿Qué quieres?

―Bueno, verás... Creo que tendrías que despedir a Carla.

―¿Por?

―Pues porque... no creo que sea buena secretaria. No trata bien a los clientes. El otro día...

―Mira, Suso, dejémonos de rodeos. Carla me ha contado lo vuestro.

―¿Lo nuestro?

―Sí. Que habías intentado llevártela a la cama, que ella no había querido y que te lo habías tomado muy mal. Que incluso habías intentado pegarle y que tenía miedo de que vinieras a verme para que la despidiese.

―¿¡Qué!?

―Así que entenderás...

―No, no, espera: yo no he intentado nada con ella. Vamos, Andrés: tú conoces a Genoveva. ¿Quién en su sano juicio querría tirarse a Carla teniendo una novia así?

―Ya, pero... me dijo que vendrías a pedirme que la despidiese y aquí estás.

―Bah. Dejémonos de tonterías: fue ella la que intentó llevarme al huerto. Le dije que ni hablar, que ya tenía novia, y desde entonces pasa de mí y se niega a traerme cafés.

―¿Y quieres que la despida sólo por eso?

―Coño, Andrés. ¿Qué otra cosa tiene que hacer aquí una secretaria aparte de atender el teléfono y hacer cafés?

―Joder, pero ya sabes el marrón que es hacer entrevistas para secretaria. Pones un anuncio en cualquier sitio y se presentan 50.000 locas...

―Andrés, no me vengas con chorradas.

―Te propongo un trato: yo la despido si tú te encargas las entrevistas.

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